Semblanzas


SEMBLANZAS 1.


La obra escrita de Francisco Rodríguez Pascual.

Un humanista del pueblo.

La Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

Francisco Rodríguez Pascual murió el 22 de abril del año 2007. Hacía un mes que había cumplido 80 años. Se impone hacer enumeraciones, clasificaciones y valoraciones de su obra, fruto de un largo trayecto vital. Como decía Descartes en la cuarta regla del método: “Hacer enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que esté seguro de no olvidar nada”. A tanto no llegaremos, pero procuraremos dar una visión lo suficientemente amplia como para darnos cuenta de la trascendencia que va adquiriendo lo escrito por este importante investigador claretiano y zamorano.

No tenemos más remedio que dejar de lado gran parte de esos 80 años, aproximadamente hasta los cincuenta, porque durante ellos se dedicó a su propia formación, a la actividad pastoral como sacerdote, y a la actividad docente, la organización y dirección de centros educativos claretianos. Los que hayan leído muchos de sus artículos periodísticos publicados en El Correo de Zamora y posteriormente en La Opinión de Zamora habrán descubierto experiencias, vivencias y hechos simpáticos de esos años que tanta importancia han tenido en su vida.

Vamos a hacer una visión de su obra en los últimos treinta años, incidiendo especialmente en la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana.

En los últimos treinta años Francisco Rodríguez Pascual ha dedicado gran parte de su tiempo, además de la actividad docente universitaria, al estudio, investigación, análisis y divulgación de la ciencia del hombre: la Antropología. Y sobre todo, a la investigación, el análisis y la divulgación de la cultura tradicional zamorana. Dicho de otro modo, al trabajo de campo, intentando realizar “un levantamiento etnográfico”, un desenterramiento de lo olvidado, un desvelamiento de lo escondido, un redescubrimiento de lo que todos conocían y no valoraban lo suficiente dentro de la cultura zamorana.

No ha sido un trabajo desordenado y esporádico, sino sistemático y amplio, que queda patente al exponer su obra publicada. Decía el padre agustino César Morán, uno de los valores redescubiertos por él, que la tierra zamorana es tan rica en cultura que hay “que meter las manos hasta los codos en tan gloriosa aventura”, y nuestro investigador ha cumplido esa sugerencia  con creces. Además, este trabajo no ha tenido dimensiones o intereses particulares y provincianos, es un trabajo que trasciende las fronteras de la cultura ibérica (España y Portugal), tiene dimensiones científicas y universales. Francisco Rodríguez Pascual ha utilizado la cultura zamorana para desarrollar una serie de ideas, universales antropológicos, válidos en cualquier investigación y análisis cultural. Su labor y su obra también han sido valoradas en América del Sur (Brasil y Argentina) donde acudió varios veranos a impartir cursos y conferencias.

El modo como lo ha hecho es el más cercano, el más comprometido, el que refleja con más claridad la realidad cultural. Las palabras de don Miguel de Unamuno al comenzar su famoso libro Del sentimiento trágico de la vida, nos vienen como anillo al dedo para expresarlo: “Homo sum; nihil humani a me alienum puto, dijo el cómico latino. Y yo diría más bien, nullum hominem a me alienum puto: soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño… el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere…, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.” Y de aquí el encabezamiento de este artículo, Francisco Rodríguez Pascual, un humanista del pueblo. Un humanista del hombre de carne y hueso, del que nace, crece y muere, del que disfruta en la fiesta y en la mascarada, del que baila y trabaja, del que hace coplas y del que canta, del que dice refranes y del que reza, procesiona y a Dios alaba…

Podemos dividir la obra publicada de Francisco Rodríguez Pascual en tres etapas:

De 1977, aproximadamente, a 1990, esto es, desde que comienza a publicar algunos libros y artículos en revistas especializadas sobre Antropología Filosófica, consolidando su posición académica en la Universidad Pontificia de Salamanca, hasta el inicio de las “Hojas de Cultura Tradicional”.

Una segunda etapa de 1990 a 1997, durante los años de publicación de las “Hojas de Cultura Tradicional” tanto en El Correo de Zamora como en La Opinión de Zamora.

Y, una tercera etapa, desde 1997 a la actualidad, determinada claramente por el proyecto de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana.

1977-1990.

El “Trabajo de campo”.

En la primera etapa destacaremos los libros de tema filosófico donde nacen las ideas fundamentales que ha desarrollado posteriormente: Libertad de Hombre, Sociedad y Persona. Un estudio sobre el hombre, y El problema del hombre hoy. A estos textos hay que añadir los estudios publicados en revistas especializadas dedicados a filósofos del hombre como Scheler, Juan Pablo Forner, y el mismo Tomás de Aquino, sin olvidar las reflexiones antropológicas del poeta zamorano León Felipe.

A la vez que iban apareciendo las investigaciones en antropología filosófica, comenzaron a publicarse poco a poco, en entregas sistemáticas y periódicas, las investigaciones sobre la vida tradicional, especialmente de Tierra de Alba (Zamora). La primera serie de artículos publicados en El Correo de Zamora ( “El gallo de Joseón”, 1979) que tenemos reseñados, es el análisis de una obra de teatro escrita por un antepasado familiar donde nos pone en contacto con el juego de roles sociales tradicionales en un pueblo y las consecuencias que tienen. Después de estos artículos, todavía tal vez distantes del “hombre de carne y hueso”, comienza la descripción sistemática de la cultura tradicional de la Tierra de Alba: la puchera, la Navidad, las Candelas, el carnaval, la cuaresma, el Corpus, la Sanjuanada, la esquila y mela, la raposa, la metedura, los trabajos y las celebraciones del verano, las ferias, las romerías, el traje típico, el cepo, los ritos mortuorios, los ritos natalicios, la matanza, la boda, las cofradías, las rogaciones populares, la gañanada, las fiestas patronales…, todo publicado entre los años 1980 y 1982.

De modo habitual también aparecen en el periódico por estos años noticias de sus conferencias sobre el traje regional, la brujería o las mascaradas invernales, sus investigaciones sobre los autos de Reyes Magos, las Corderas, etc. (entre 1984 y 1990), por supuesto, en la provincia de Zamora. Otras publicaciones importantes, además de los artículos de periódico, son: Pasión y Muerte en Aliste. Santo Entierro en Bercianos (1983), un clásico en la religiosidad popular, Auto de Reyes Magos. Texto zamorano recogido en Carbajales, Andavías, Alcañices y Tábara (1983),  Tipos y Trajes de Zamora, Salamanca y León (1986), presentado también en Madrid, Por Tierras de Zamora de César Morán. (1986) e Historias de Zamora sacadas de “El buen repúblico” de Agustín de Rojas (1990), dos libros antiguos rescatados del olvido para la etnografía zamorana, además de los libros inéditos, mecanografiados pero no publicados, sobre El Traje regional de Zamora (1984), y las Mascaradas de invierno en la provincia de Zamora (1987), que estamos esperando que se publiquen ya. Si sumamos su colaboración en dos publicaciones colectivas sobre la Semana Santa en Zamora (1992) y la Semana Santa en Castilla y León (1993), donde siempre se ha distinguido por su aportación sobre la dimensión rural de ese evento anual tan importante en la provincia de Zamora, el elenco de publicaciones es suficientemente amplio para destacar la importancia de los trece años de esta primera etapa. Hay que recordar que estos son los años de estrecha colaboración con Caja Zamora en investigación, documentación fotográfica y recogida de material, de “trabajo de campo” de antropólogo en oficio, consecuencia de la cual sería gran parte de los fondos del Museo Etnográfico. También son años de colaboración con el Instituto de Estudios Zamoranos y con la naciente Universidad Nacional de Educación a Distancia en Zamora.

1990-1997.

Las “Hojas de Cultura Tradicional”.

Con frecuencia Francisco Rodríguez Pascual ha comentado que hay que diversificar o descubrir nuevos contenidos en la antropología cultural y salir del “sota, caballo y rey” que son las fiestas, los ciclos vitales y los ciclos de trabajo, sobre los que él ya había publicado bastante. Y aquí comienza su idea de hacer una serie de pequeñas publicaciones semanales donde desarrollar la nueva inquietud divulgadora, que El Correo de Zamora aceptó encantado. Con este proyecto pretendía seguir las huellas de Luis Maldonado Ocampo, que en Salamanca había iniciado mucho tiempo atrás unas “Hojas de información Folklórica salmantina”, pues así buscaba “avivar el interés de sus compaisanos por la cultura popular”. Recuerdo todavía una tarde de sábado en la estación de autobuses de Zamora, sentados junto a una mesa de la cafetería, fui testigo de la conversación del profesor Rodríguez Pascual con Jesús Hernández, redactor del periódico, para poner en marcha esta iniciativa… que llegó hasta 184 apariciones semanales, de 1990 a 1997.

En las “Hojas de Cultura Tradicional” tiene la etnografía zamorana y la antropología española y portuguesa un filón de reflexiones, testimonios y textos originales que futuros investigadores todavía aprovecharán.

De 1997 a 2007..

La Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana.

No podemos olvidar en esta breve y apretada reseña todos los artículos que casi semanalmente han ido apareciendo en los periódicos zamoranos y salmantinos sobre la actualidad nacional y provincial. Merecen un apartado especial que expondremos en otra ocasión.

Los diez últimos años se han caracterizado por la publicación de libros. Tal vez, a primera vista parezcan recopilaciones de trabajos anteriores, pero su valor no queda en la simple clasificación por temas de todas sus anteriores investigaciones. En los libros publicados por Francisco Rodríguez Pascual aparecidos sistemáticamente en los últimos siete años, hay una labor de ordenación y coherencia que da sentido a toda su obra. Prueba de ello son los prólogos, trabajados y preparados con las últimas aportaciones e investigaciones sobre el tema del que trata el libro, la ampliación de nuevos artículos y capítulos creados en exclusiva para esos libros… Todo ello contribuye a dar una visión global y una nueva perspectiva a la variada temática de nuestro querido antropólogo.

Primero se publicó en Salamanca, Don de la Palabra, Periodismo y Antropología, un libro donde, entre otras muchas cosas, se valoraban sus estudios y reflexiones referidos a Portugal e Iberoamérica.

A partir del año 2002, con la ayuda de la Diputación de Zamora y la Editorial Semuret, nació la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana, en la que han ido apareciendo textos que están fijando para las generaciones posteriores lo más importante de la cultura zamorana. Ha trabajado con entusiasmo en los 19 tomos que han aparecido, ya sea para programarlos, para prologarlos o para componerlos enteramente. Destacamos los títulos firmados por él mismo, que van a ser de obligada consulta para quien quiera iniciarse en el estudio de la antropología en Castilla y León: La Palabra y las palabras (2002), Sobre Magia y Brujería (2003), Carbajales, cinco leyendas y una historia (2003), Los tres tomos de la Semana Santa de los pueblos (2004, 2005 y 2006), El Epítome de las Sibyllas (2004), los capítulos sobre el ciclo vital tradicional que ha aportado a los tres tomos de Edades del Hombre, y el Ciclo de Navidad (2006), un colorido y elegante regalo de Navidad que continuará al final de 2007. En los últimos días del mes de marzo salió de la imprenta uno de los libros en los que puso más ilusión, el Liber Mariae, una colección medieval de milagros de la Virgen María recopilados por el zamorano fray Juan Gil.

Nos quedan muchas más publicaciones por destacar, los artículos anuales en la revista Pasión en Salamanca, el pregón de la Semana Santa de Salamanca (1991) y de la casa de Zamora en Madrid (2006), los artículos en revistas portuguesas, especialmente en Brigantia

Seguro que habrá otro espacio y otro momento para hacerlo con más detención y profundidad.

Semblanzas 2.


En el primer aniversario de Francisco Rodríguez Pascual.

El traje regional de Zamora.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

Hace un año por estas fechas,  Paco y quien escribe estas líneas estábamos trabajando en la edición del libro nº 20 de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana. Había terminado el Liber Mariae de Fray Juan Gil, y ahora queríamos descubrir el valor etnográfico de los pleitos judiciales en Cañizal, de la mano de Luis Torrecilla. La sombra de su ausencia se insinuaba, pero, o no me lo quería creer, o estaba convencido de que después de la tercera sesión en el hospital para atajar el mal que le afectaba, quedaría libre para terminar el próximo libro y seguir con el segundo tomo del ciclo de Navidad.

El día 18 de abril por la tarde estuve con él en Salamanca, en la casa de los claretianos, detrás de la catedral, enseñándole la presentación que iba a hacer del Ciclo del Pan en el salón de Caja España en la calle san Torcuato de Zamora. “Vas a poner una pica en Flandes”, me dijo en plan de broma… La verdad es que no estaba para guasas, porque le dolía mucho todo el cuerpo. Desde media mañana, cuando salió a echar una carta al correo, se había empezado a sentir mal y no se le iba el malestar. Después de atenderme un rato, me pidió que le ayudara a levantarse y le acompañara hasta su habitación. Allí le dejé sentado sobre la cama. Me despedí y se quedó mirándome fijamente. Cuando salí de su casa, a la altura del Patio Chico, me di cuenta de que probablemente sería la última vez que le vería. Cuatro días después de este encuentro me avisaron desde su propio móvil que acababa de fallecer.

Ese mismo día quise apuntar algunas ideas para recordarle:

“ Hoy domingo 22 de abril Paco ya vive en una plaza de la otra orilla, donde Dios quiere. No es una calle, sino una plaza donde confluyen muchas calles: la de los zamoranos, la de los claretianos, la de sus alumnos de la Universidad Pontificia de Salamanca, la de sus alumnos de la Universidad de la Experiencia de Zamora, la de sus alumnos de los colegios de Segovia, de Madrid, de Salamanca… la de los muchos amigos que tenía…”

Los recuerdos personales no son suficientes para hacer un homenaje a Paco.

Su figura, con el paso de los años, se va a hacer cada vez más grande para Zamora por la importancia de su obra.

En estos días estamos a punto de concluir y sacar a la luz el conjunto de sus investigaciones sobre la indumentaria tradicional en Zamora. Se trata del tomo nº  22 de la Biblioteca, El traje regional de Zamora, que va a ser prologado por Carlos Piñel, director del Museo Etnográfico. Fue una de las labores preferidas de nuestro antropólogo. Empezó con un magnífico artículo sobre el traje de Carbajales de Alba. Después dejó preparado un libro sobre la variedad de trajes tradicionales de la provincia de Zamora, que no publicó y ahora publicamos íntegramente. Estos dos trabajos fueron la base para su participación en el gran libro Tipos y Trajes de Zamora, Salamanca y León. Todo este material, junto con numerosos artículos dedicados a aspectos concretos de la indumentaria tradicional (el bordado, el calzado, la capa, el teñido…), configuran el nuevo volumen de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana.

En él se confirma el estilo divulgativo y la seriedad investigadora de Paco. No sólo describe, sino que también contextualiza el objeto de investigación, en este caso el traje regional. Analiza, interpreta y contrasta teorías que explican el traje zamorano. En fin, hace antropología cultural.

Con su estilo periodístico y divulgador llega al lector, le habla en primera persona, y recuerda a los informantes, valorándolos, subrayando su importancia como principales fuentes de información.

De modo constante insinúa nuevas líneas de investigación, dejando abierta la labor para quien quiera seguirla. Y también insinúa o propone de modo abierto a las autoridades soluciones a la insuficiente valoración de uno de los patrimonios culturales más importantes de la provincia de Zamora, sus trajes tradicionales.

Es un libro que refleja varias décadas de investigación, divulgación y valoración de la indumentaria tradicional.

En el primer aniversario de su ausencia, un recuerdo más de Paco para sus paisanos zamoranos. No le vamos a olvidar.

Semblanzas 3.


Francisco Rodríguez Pascual y la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

La Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana (BCTZ) nació hacia 1999 en el salón del piso donde residía Paco en la Cuesta de Santi Spiritus. Sentados a la mesa, que siempre tenía llena de papeles de borrador para el último artículo que estaba preparando, o de los libros que estaba leyendo, comenzamos a hacer una lista de títulos que podían componer una colección de libros de Cultura Tradicional Zamorana. Como hicimos una larga lista de títulos (en aquel momento nos salieron más de treinta), decidimos llamar al proyecto Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana. Largo y contundente.

Pero el verdadero origen de la BCTZ hay que buscarlo un año atrás. Y quien escribe estas líneas también tiene en su memoria ese momento. Paseábamos una mañana de sábado por la Rúa Mayor. Paco se paró, y, como tomando una decisión que había estado madurando desde hacía tiempo, me dijo: “Esta misma tarde empezamos. Te voy a proponer que organicemos todo lo que tengo escrito en los periódicos…” Y aquella misma tarde nos acercamos a Carbajales. Me enseñó lo que él ya había organizado, los primeros artículos de finales de los años 70 y todos los publicados a lo largo de los años 80. Eran dos tomos de fotocopias de artículos de El Correo de Zamora, de El Adelanto de Salamanca y de La Gaceta de Salamanca, ordenados cronológicamente. El resto de artículos publicados hasta ese momento estaban dentro de varios montones de periódicos. Era el otoño de 1998. Aquella tarde sólo contemplamos la tarea que nos quedaba por hacer. Para animarme en la labor, me invitó a merendar en Rabanales. Paco seguía las mismas costumbres de mi abuela: “En mi pueblo tienen por costumbre que a quien te va a ayudar en algún trabajo (alguna gera, dirían los albalistanos), le tienes que invitar a comer, para que empiece más animado.” Y así lo hizo él. Aquel año estuvimos sacando artículos de los periódicos que había guardado. Algunos ya los había olvidado, y le causaba cierta satisfacción volver a verlos. Artículo a artículo fueron componiéndose carpetas por años, 1991, 1992, 1993…hasta ese año de 1998. Los artículos se fotocopiaban,  y hacíamos un tomo por año de unas cien fotocopias cada tomo. Algunos artículos ocupaban una página, pero otros, como los de las Hojas de Cultura Tradicional, llenaban dos y tres páginas. De algunos años salieron dos tomos. En años posteriores seguimos haciendo lo mismo, de modo que hasta el 2007 compusimos más de 15 dossieres de artículos. En los últimos años, cuando ya dejó de publicar las Hojas de Cultura Tradicional, el número de artículos por año disminuyó.

Con todo este material se podía hacer algo más que un libro… ¡Una Biblioteca!  Al principio, la idea no estaba muy clara, pero al final de 1999, con motivo del homenaje que le hizo en Salamanca el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos y la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos “Alfonso Ortega Carmona” por sus cincuenta años publicando y colaborando en la prensa escrita, en el cual se presentó un libro con una selección de sus artículos, el proyecto comenzó a tomar cuerpo. Después de clasificar los artículos por temas y de añadir otros artículos de revistas especializadas que los completaban, elaboramos un proyecto donde, una vez  introducido y justificado, aparecían más de treinta títulos de libros que podían salir de su obra periodística publicada a lo largo de los últimos 25 años. No eran libros que había que hacer. Eran libros que ya estaban hechos. Bastaba con ordenar los artículos de cada tema, hacerles una buena introducción y completar algunos detalles, como así lo hizo posteriormente al ir publicando cada tomo de la BCTZ.

Presentamos el proyecto a Luis González de la editorial Semuret, que no dudó en apoyarlo, y de allí pasó a la Diputación de Zamora, que tampoco tardó mucho en asumirlo. Así pudimos tener el primer tomo publicado en el año 2002. Cinco años después se habían publicado 20 tomos, 14 de los cuales formaban parte del proyecto inicial. Estoy seguro de que si la BCTZ continúa como hasta ahora, llegaremos a publicar aquellos treinta títulos proyectados. No era una ilusión, era una realidad.

Paco trabajaba cada tomo con empeño. Hacía las introducciones, situando el tema del que trataba en el contexto de la investigación actual. Incluso había publicado previamente algunos artículos en el periódico para preparar a sus lectores incondicionales. Durante estos años fueron frecuentes sus visitas a la imprenta Kadmos, donde se han ido maquetando, componiendo y editando todos los libros de la Biblioteca. Corregíamos las pruebas y él proponía las  ilustraciones, que en los primeros tomos fueron de algunos artistas e ilustradores con los que contactaba Paco, como Pedrero o Bedate. También echaba mano de su abundante fondo fotográfico, el cual todavía seguimos utilizando. Y si no había ilustraciones iba al lugar donde había que obtenerlas, como ocurrió en el libro de Justo Alejo, o en el Epítome de las Sybillas, buscando imágenes de sibyllas por todo Zamora… y las había, en la catedral y en un convento de Toro.

Como la BCTZ nació con vocación de acoger no sólo las investigaciones que ya había publicado Paco de modo disperso, sino también otras investigaciones que estuvieran en su misma línea, antropológica y etnográfica, aparecieron también otros volúmenes firmados por autores clásicos como Fray Juan Gil, Rojas Villandrando o César Morán, y por autores interesados por sus mismos temas de investigación como Concha Pelayo, Jesús Barros, Luis Torrecilla o quien escribe estas líneas. Con todos trabajó cada libro desde su origen hasta su puesta en el escaparate de la librería Semuret. Cuando paseábamos por Zamora, a la altura de la librería, parábamos delante del escaparate a ver cómo tenía Luis destacada la colección, le daba una palmadita en la espalda a Paco y le decía: “Ya nos queda menos para llenar todo el escaparate con la Biblioteca…”

Publicamos cuatro libros por año, entre el 2003 y el 2006, aunque en 2005 se publicó uno más. Tenía cierta prisa en publicar todo lo que pudiera,  y cuanto antes. Visto desde ahora, sin que los demás lo supiéramos, me parece que él ya sabía que le quedaban pocos años de vida, y quería dejar cerrados el mayor número de libros posibles. Me llamó mucho la atención el interés que tomó por publicar Los Milagros de Nuestra Señora de fray Juan Gil de Zamora. Había otros libros que estaban anunciados en las solapas de los tomos de la colección desde hacía tiempo y no los publicábamos, como el libro del traje regional de Zamora o el de las mascaradas. Pero él se empeñó en que había que sacar el de la Virgen. Yo creo que quería hacer un último homenaje a Nuestra Señora antes de dejar esta vida. Y así lo hizo. En ello demostró ser un buen Filius Cordis Mariae (FCM), un buen hijo del corazón de María, como todos los claretianos. Por aquellos últimos meses nos juntábamos en alguna cafetería cercana a la estación de Autorrés en Madrid para cerrar las ediciones de los tres últimos en los que trabajó: Edades del Hombre III, una profunda y larga reflexión sobre la enfermedad y la muerte desde la cultura tradicional,  El Ciclo de Navidad I, y el ya mencionado Los milagros de Santa María… Él llegaba de Salamanca a media tarde, y yo volvía del colegio donde trabajo. Allí intercambiábamos pruebas de imprenta e ilustraciones, y charlábamos sobre futuros proyectos. Después, cada uno a su casa. Cogía el Autorrés, y a Salamanca.

El último día que le vi en la residencia de los Claretianos de la calle del Silencio de Salamanca, tres días antes de morir, me entregó las fotocopias del tomo veinte que estábamos preparando sobre Cañizal, con Luis Torrecilla, para trabajar el original y destacar los aspectos etnográficos de aquella investigación. Le dolía todo el cuerpo y le costaba andar. Le acompañé hasta su cuarto y le dejé sentado en la cama. Le miré y me despedí desde la puerta. Cuando iba por la calle, detrás de la Catedral, hacia el coche, me di cuenta de que podría ser la última vez que viera a Paco. Hasta ese momento no quería aceptar que eso pudiera ocurrir tan pronto. Quise volver a darle un abrazo, pero no lo hice… y me he quedado con las ganas de darle ese último abrazo. Tal vez me consuele el hecho de que siempre le tengo al lado cuando estoy preparando las obras que le quedan por publicar. Y así lo creo.

Semblanza 4.


Presentación del pregonero de la Semana Santa de Zamora en Madrid.

Don Francisco Rodríguez Pascual.

En esta primavera del año 2006, el pregón de la Semana Santa de Zamora en Madrid correrá a cargo de don Francisco Rodríguez Pascual, sacerdote claretiano, profesor universitario, antropólogo, investigador, escritor y divulgador de la cultura tradicional, especialmente la cultura tradicional zamorana.

Decía él mismo, allá por el año 1991, en su pregón que abría la Semana Santa de Salamanca, que el pregonero es uno de los arquetipos, de los paradigmas del pueblo al que representa. Utilizaba, como es habitual en él, algunos refranes para comprender la función singular de este oficio: “ A ruin pueblo, ruin pregonero”, que no es el caso, por supuesto. Además, existe el refrán alternativo: “A buen pueblo, buen pregonero”. Donde resulta más acertado el refrán es al proponer que “Día de pregón, día de rigor”. El pregonero de pueblo anuncia la llegada de un comerciante, noticias e informaciones del ayuntamiento, y sobre todo, días de trabajos comunales, pérdidas de animales o incluso personas, pagos anuales…

Terminaba su introducción, aquel año de 1991, considerando que la función del pregonero de Semana Santa, oficio relativamente reciente y urbano, había subido de categoría, ennoblecido, y reconvertido en proclamador de una extraordinaria noticia: la llegada de la Semana Grande de Pasión.

Y quiero continuar en esa línea profundizando en el término “pregonero”. Ser pregonero es ser portavoz de la palabra de otro. Me atrevo a dar un paso más, es ser profeta de la palabra de otro, en el sentido bíblico. No profeta adivinador del futuro, sino profeta testigo, función mucho más comprometida.

¿Y quién es ese otro del cual es portavoz, profeta testigo de su palabra? Nuestro pregonero es pregonero del pueblo, que no pregonero de pueblo. Repito, pregonero del pueblo. Entiendo pueblo como aquel grupo humano que no está determinado por los condicionantes de la vida urbana: el individualismo, la regularidad del horario, la vida sin pausa…, lo entiendo como el paisano rural, el que lleva ahí toda la vida, en “gera” (palabra muy albalistana), gera abierta y constante con la Naturaleza.

¿Y qué es lo que tiene que pregonar, anunciar o proclamar en este tiempo de primavera?:  Nada menos que la asimilación original que el pueblo ha hecho del gran misterio cristiano: Dios hecho hombre en Jesús, crucificado, muerto y resucitado. O sea, dicho con una expresión más simple: su religiosidad popular.

La obra del profesor Francisco Rodríguez Pascual es muy amplia, tanto cuantitativa como cualitativamente. Y gran parte de ella está dedicada directa o indirectamente a la religiosidad popular. La investigación actual sobre este tema quedaría muy mermada si no se tuvieran en cuenta el trabajo de campo y su correspondiente análisis etnológico y antropológico que ha hecho sobre ella.

Refiriéndome a su obra en general, nuestro pregonero lleva más de treinta años publicando sus reflexiones e investigaciones en libros, revistas y periódicos.

Hago una breve reseña de ellos:

Libros de antropología filosófica como Libertad de hombre, Sociedad y persona, El problema del hombre hoy

Numerosos artículos sobre Portugal e Iberoamérica, en especial Argentina y Brasil.

Artículos periodísticos semanales de la actualidad social y política. Comprometidos, no con una ideología, sino con sus paisanos zamoranos. Algunos le han dicho que no abandone ese artículo periódico donde analiza los problemas actuales, dándoles una visión original y esclarecedora. A pesar de publicarse en un periódico de pequeña tirada pronto corren sus fotocopias por muchos lugares de España.

Numerosos artículos sobre etnografía y etnología, principalmente zamorana, en revistas especializadas y periódicos (recuerdo las 184 “Hojas de Cultura Tradicional” publicadas en el Suplemento Dominical de La Opinión El Correo de Zamora desde el año 90 hasta el 97). Ahora las ha resucitado y llevan el título “Testimonios”. Salen quincenal o semanalmente.

En una relación que hicimos años atrás clasificamos los más de mil artículos escritos, en veintidós temas diferentes: Literatura popular, Palabras y expresiones, Brujería, magia y curanderismo, el ciclo vital, la naturaleza animal y vegetal, los personajes y arquetipos populares, la indumentaria, el traje tradicional (hace veinte años se presentaba en Madrid su libro Tipos y Trajes de Zamora…), las fiestas populares, los carochos y zangarrones, Zamora, Aliste y su querido pueblo Carbajales de Alba etc… y sobre todo, lo referido a la religiosidad popular: Las fiestas tradicionales de diciembre, enero y febrero (la navidad, las hogueras, san Blas, santa Águeda…), el carnaval, la cuaresma y la Semana Santa, El Corpus…

Gran parte de todas estos trabajos están encontrando hueco en otra empresa que está llevando adelante: La Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana. Tiene ya 16 volúmenes, editados en tan sólo tres años, con la ayuda de la Diputación de Zamora y la Editorial Semuret. Les destaco algunos títulos: La Palabra y las palabras, Sobre Magia y Brujería, (ambos ya agotados) Carbajales, cinco Leyendas y una historia, Edades del Hombre, Epítome de las Sibilas. La última aparición ha sido precisamente el tercer volumen de La Semana Santa de los pueblos.

El primero fue un rico elenco de ritos, costumbres, cantares y coplas de la Semana Santa rural, la de los pueblos zamoranos. Terminaba este libro con el pregón de la Semana Santa de Salamanca de 1991 donde definía sus ideas fundamentales acerca de la religiosidad popular: “es la religiosidad asimilada y hecha suya por el pueblo creyente, porque la crea o la reelabora, y que alcanza una apreciable implantación social”.

El segundo tomo es más reflexivo y teológico, de hecho lleva un subtítulo: Semana Santa de los pueblos. Pensada y sopesada. Comienza retomando el tema de la religiosidad popular, centrándose después en Cristo, la Virgen María, la Cruz y las Cofradías. Les leo un breve párrafo de este libro: “La Semana Santa significa el triunfo definitivo del Hombre sobre el dolor, sobre los padecimientos, sobre ese horizonte tanatorio que horroriza nuestra existencia temporal… No nos llamemos a engaño, la gente llana y sana quiere, como Jesús, su Camino y su Verdad, entender la muerte en función de la vida, y no al revés. Dicho con palabras de hoy, el pueblo prefiere de manera inequívoca una cultura de la vida a una cultura de la muerte”.

El tercer tomo desarrolla el tema de la Resurrección y sus manifestaciones populares.

Podríamos continuar desgranando con más detalle la obra de nuestro pregonero, pero será mejor que ya le dejemos hablar. Disfruten de su concisión, su orden y su claridad expositiva, tan presente en las conferencias, los artículos y los libros que ha escrito.

Tenemos con nosotros, en sentido pleno, un humanista del pueblo,  y con todo derecho, el pregonero del pueblo, del pueblo zamorano.


Semblanza 5.

Paco, el de Carbajales.

Braulio Llamero. Abril 2007.

Acaba de cumplir ochenta tacos don Francisco Rodríguez Pascual y si no fuera porque una inoportuna dolencia se lo ha hecho “celebrar” en el hospital, nadie lo diría. Anda, como cualquiera con toda una vida por delante, cargado de proyectos y sin parar por un instante su actividad intelectual. Qué envidia. No sé si caen: es nuestro antropólogo “de cabecera” -y uno de los más destacados del país-; Paco, el de Carbajales; ese claretiano de la Pontificia salmantina que lleva toda la vida empeñado en que nos conozcamos a nosotros mismos, a través de las huellas que han ido dejando nuestros abuelos y que destilan nuestras fiestas, tradiciones o ritos y leyendas ancestrales.

Aunque ahora anda haciendo frente a una enfermedad mal encarada, aprovechó el otro día un “permiso” hospitalario, como él dice, para presentar el último número de su Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana; ese lujo intelectual que lleva ya unos veinte volúmenes, que edita Semuret, que patrocina la Diputación y de cuyo auténtico valor solo seremos conscientes cuando sea, acaso, demasiado tarde para dar las gracias a su “alma mater”. Este nuevo número es un auténtico y real alarde. El tesón de Rodríguez Pascual ha hecho posible que se traduzca al castellano por primera vez un texto medieval, del siglo XIII y del zamorano Juan Gil de Zamora, antiguo “scriptor” o escribiente de Alfonso X, El Sabio. Los “Milagros de Santa María” -tal es el título- están originalmente escritos en latín medieval, y solo Rodríguez Pascual sabe lo que cuesta hallar a alguien, presuntos expertos latinistas incluidos, capaz de trasvasar tal tipo de texto a nuestro lenguaje. Pero tras años de tesón lo ha conseguido y sus “editores” -por decirlo de algún modo, pues hablo de Semuret y Diputación- han querido a cambio y como homenaje al carbajalino cuidar especialmente este nuevo volumen de su Biblioteca de Cultura Tradicional, para el que se ha contado incluso con ilustraciones originales y a todo color de Jesús Masana.
Tras la esmerada edición, este libro único, que hasta ahora solo podían leer los tres o cuatro que en España dominen el latín medieval, se halla a disposición de todos, de cualquiera. Y hay que agradecérselo a un audaz octogenario que habla sin parar de los muchos libros que aún tiene pendientes para su Biblioteca y que todo lo hace -como gusta de recalcar el librero Luis González, su editor- trabajando desinteresadamente; es decir, a cambio de nada, sin cobrar un céntimo, por literal amor al arte. O a cambio, como mucho, del “gracias” que muy de tarde en tarde reciben empeños como el suyo. Pues muchas gracias, Paco. Y a ver si nos duras las décadas precisas para culminar todos los proyectos que acaricias.

Semblanza 6.

Francisco Rodríguez Pascual, gracias
J. M. FERREIRA CUNQUERO

Cómo puede describirse con palabras el sentimiento rasgado por la insondable emoción que no tiene nombre?

Francisco Rodríguez Pascual nos ha marcado a fuego su aleccionadora virtud hasta el último instante, como esperanza vitalista que alimenta permanentemente el corazón del hombre. A su lado, días antes de su muerte, he percibido, junto a ese amigo del alma que es Francisco Javier Blázquez Vicente, la hondura más misteriosa que logra fraguar en el hombre la herida del tiempo. Nos decía en aquel banco, donde desploma la paciencia horarios de hospital con lenta parsimonia, que natura habría de llegar antes o después exigiendo lo que, por haber llegado a su edad, comenzaba a pertenecerle. Pero agregaba que, al vivir con cierto énfasis tan especial dilema era reconfortante al sentirse, como nunca, desnudo frente a Cristo. Nos argumentaba que sentía su presencia, acomodando horas nazarenas, que soportan la cruz que ha de enclavarnos a todos en el último halo de aliento sobre el calvario real de la vida. Frontera donde la soledad nos convierte en transeúntes que vagan en pos de la luz deslumbrante de Cristo. Lo presentía a su lado de tal forma que, por muy dura que pudiera ser su experiencia, quiso dejarnos el testimonio de su consuelo ante el próximo abrazo que había de producirse con Cristo.

Tuve la certeza, aquel atardecer, de que Francisco quería darnos la última lección en el aula más entrañable de la amistad, donde tantas veces compartimos con fervor cercano la palabra. Pude intuir que el Cristo que él tanto defendió, desde el punto de vista de la religiosidad popular, allí estaba, junto a él, aunque nosotros no lográsemos percatarnos de su presencia, por estar absortos seguramente ante sus palabras premonitorias.

En esos silencios profundos, que en los hospitales se alargan besando la ausencia, ansié desentrañar el hábitat del otro lado donde fenece el tiempo, regresando a la bendita tierra zamorana, que don Francisco Rodríguez Pascual convirtió en parte vital de su existencia; empeño que ha desentrañado, desde sus investigaciones, el valor tradicional y costumbrista, que fundamenta una riqueza cultural única y esencial para comprender cómo se conforma el carácter de un pueblo. De las tradiciones -no olvidemos- brotan los valores posiblemente más significativos que identifican a la colectividad, acentuando aquellas peculiaridades que van ensambladas a los surcos, como espigas necesarias, que sólo pueden dorarse en el corazón más profundo del ser humano.

Como misionero de la amistad, don Francisco ha sido galardonado por la vida, pues en ella, enamorado del hombre sembró cuanto tuvo. Ahora, en esta finita cosecha de los años, le hemos visto recoger el fruto de la dignidad y la entereza, que nos sobrecoge por su ejemplo a todos los que le quisimos.

Junto a los misioneros claretianos de Salamanca, que se han desvivido junto a su entrañable sobrina Paquita en todo tipo de cuidados y atenciones, pude participar al lado de Blázquez Vicente en la primera oración que, en el momento exacto de su partida, imploraba por su alma al Padre. Ese momento ha de estamparse, como una huella indisoluble del amigo Francisco para siempre a nuestro lado.

Pero más que esos instantes emotivos que ansían colgarse como estalactitas de tristeza en la oquedad más íntima de la memoria, ha de permanecer, en lo trascendente, la enorme fortuna de haber conocido a un hombre total que supo hacerse querer por entregamos, como hermano y amigo nuestro, el calor de su ejemplar andadura.

(La Opinion de Zamora)

Semblanza 7.

25.10.09

SIEMPRE EN EL RECUERDO

J. M. Ferreira Cunquero

Los libros, al ser acariciados bajo el hechizo del tiempo, recobran en nuestras manos esa vida que nos regala el sueño de los autores que ansiaron relacionarse, algún día, con nosotros.
Esta puede ser una de las intenciones que lleva el libro que se presenta esta tarde en la Universidad Pontificia, con el titulo Francisco Rodríguez Pascual, siempre en el recuerdo. Un homenaje que firman veintitrés personas cercanas a este hombre excepcional que irradia, desde el recuerdo permanente, la extraña sensación de seguir aquí, junto a nosotros, llenando los espacios con cercanía de personaje irrepetible.
Editado por la Tertulia Cofrade Pasión (de la que fue socio y capellán), con el apoyo del Ayuntamiento de Salamanca y la colaboración de la Universidad Pontificia (su casa), este volumen alberga la pretensión de aportar diversos e interesantes puntos de vista sobre este ilustre hijo de la tierra zamorana, que fue incombustible y polifacético hombre de acción y de letras. Se trata de reconocer y proclamar, por medio de la palabra, con la que él nos ilustró tantas veces, la huella imborrable de esa impronta de hombre de bien que marcó su vida desde el espíritu religioso, para acometer la misión de mostrarnos su intachable anhelo humanista.
Por casualidad, acabo de descubrir en Internet un artículo publicado en la Opinión de Zamora en el año 2006. Aunque no lleva firma alguna, he comprobado en mis archivos, que lo escribí cuando Rodríguez Pascual acababa de ser nombrado Socio Correspondente del Instituto Histórico e Geográfico do Río Grande do Norte, alta distinción que se concede en Brasil y que está considerada como una de las más prestigiosas del mundo académico.
En ese artículo reprocho, como ya lo había hecho en otras ocasiones, aquel estado de parsimonia, que tejió por dejadez inexplicables brumas sobre la ciudad del Duero, donde fue ignorado, con cierto tufillo a desconsideración recelosa, quien por aquella tierra lo había dado todo.
Pero la realidad es que, mientras Zamora se agazapaba en sus asuntos, los homenajes y reconocimientos hacia nuestro personaje se sucedían en Portugal y Salamanca. Aquí fue agasajado por sus cincuenta años como periodista, en un acto memorable que tuvo lugar en la Casa de las Conchas con la presentación del libro Don de la palabra, periodismo y antropología, que recopila una selección de artículos publicados por Francisco Rodríguez Pascual durante su dilatada vinculación a la prensa escrita. Más tarde su aportación investigadora, dentro del interesante campo de la religiosidad popular, motivó a la Tertulia Cofrade Pasión a promover otro homenaje. A éste se sumó el mundo cofrade de la Semana Santa salmantina, a través de su Junta, para reconocer los méritos de este sacerdote claretiano, que supo defender como pocos las expresiones públicas de la fe dentro de nuestra Iglesia.
Pero sobre todo fue su pueblo, Carbajales de Alba, el que tocó el corazón de nuestro hombre, cuando le mostró su cariño y agradecimiento por haber divulgado por todo el mundo, la pasión por su tierra.
Ahora, el libro que hoy presentamos quiere expresar, desde el recuerdo, algunas de las virtudes que, en Francisco Rodríguez Pascual, emergían con la misma sencillez costumbrista de los arraigos, que él trató de descubrirnos a través de sus investigaciones. Seguramente esa humildad que mamó de la tierra carbajalina hizo posible su lucha por descubrirnos la riqueza del patrimonio tradicional, que marca con honda raíz el carácter del pueblo.
Tan excepcional fue este amigo, que su viaje hacia el encuentro con el Padre fue una lección soberbia de cómo se puede partir con dignidad de este mundo, después de haberse enfrentado, por medio de la fe, a pecho descubierto con la muerte.
Publicado en el diario El Adelanto de Salamanca el jueves 22.10.09

Semblanza 8.

Tertulia Cofrade Pasión. Salamanca.

Francisco Rodríguez Pascual (2008)

El 22 de abril del pasado año, 2007, fallecía en Salamanca Francisco Rodríguez Pascual, colaborador habitual de esta revista y socio de su entidad editora desde 1999.  La Semana Santa ha perdido al intelectual de prestigio que con mayor vigor defendió la vigencia, dentro de la Iglesia, de las distintas fórmulas asociativas y manifestaciones piadosas de la religiosidad popular. Antropólogo y religioso, hombre de amplísima formación, humanista en el sentido pleno de la palabra y poseedor de un ingente acopio de saberes en el ámbito de la etnografía, el profesor Rodríguez Pascual ha sido durante el último cuarto de siglo referente indiscutible de la cultura tradicional en el occidente meseteño. Y a partir de los trabajos de campo y la observación participante articuló su principal aportación a la antropología cultural: la religiosidad popular es una realidad fundamental y fundamentante en nuestra área cultural. De ahí la necesidad de estudiarla y valorarla, de apreciarla y saber utilizarla adecuadamente en la acción pastoral que aspira a ser eficaz.

Junto a él aprendimos a analizar con rigor la fenomenología de la religiosidad popular durante el tiempo de cuaresma y la Semana Santa. Con él caminamos defendiendo, con la pluma y la palabra, la complementariedad que debe darse entre la liturgia, siempre prioritaria, y las prácticas piadosas de un pueblo que celebra, un poco a su modo, la pasión, muerte y resurrección de Cristo, que, no puede soslayarse, también son las del hombre. A él debemos infinidad de escritos que fueron –y continuarán siendo– punto de referencia para la hermenéutica de la religiosidad popular. Ahí quedan, a modo de ejemplo, los tres volúmenes de La Semana Santa de los pueblos, obra de lectura obligada para el que trata de acercarse a la dimensión más popular de esta celebración por las tierras del antiguo reino leonés.

En el segundo de estos libros, que lleva el subtítulo de pensada y sopesada, el antropólogo profundiza con extraordinaria agudeza en el sentir de los protagonistas y en la esencia de la paraliturgia y tradiciones que conmemoran, entre las gentes del pueblo, los misterios centrales de la redención humana. En una de sus páginas, repitiendo por enésima vez los versos de León Felipe, reiterando aquellas palabras que en su día le sobrecogieron e indeleblemente quedaron inscritas en su ser, se hace, una vez más, esa pregunta tan tremenda: ¿Quién es el hombre…? Y responde seguidamente, con una de las sentencias más rotundas del poeta de Tábara, su paisano: Cristo es el hombre. Y éste es el leitmotiv de su obra. En el trasfondo de sus estudios sobre religiosidad popular aparece a modo de constante la certeza de que Cristo es por antonomasia el arquetipo del hombre. Y lo explica con enorme sencillez, con el lenguaje de quien pretende ante todo que le comprendan.

Así era él, un hombre de increíble erudición y elevada modestia en las formas y en el trato. Un hombre de pueblo en el buen sentido de la palabra, de su pueblo Carbajales de Alba, del pueblo y entregado al pueblo.

Nos dejó el maestro, el filósofo de las gentes del común que dedicó su existencia a la ciencia del hombre como ser trascendente. Nos dejó el hombre, el maestro de la vida y para la vida del que tanto pudimos aprender. Nos dejó su obra, en verdad prolija, y el ejemplo tesonero del que sigue ejerciendo hasta el final… nos dejó su recuerdo, ya perenne, de persona cercana y bondadosa, de hombre íntegro y cabal que consagró por entero su vida a aquello en lo que creía.

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