Navidad zamorana

PREGÓN DE NAVIDAD 2008. ZAMORA.

NAVIDAD ZAMORANA EN LA OBRA DE FRANCISCO RODRÍGUEZ PASCUAL.

Hoy, 18 de diciembre de 2008, podemos de nuevo anunciar un año más, que la Navidad vuelve a Zamora, no sólo a esta ciudad milenaria que la ha celebrado ininterrumpidamente desde que la fe en Jesús atravesó sus murallas, sino también en toda su provincia, en cuyos pueblos, con tiempo frío o tiempo dondio, con lluvia o con nieve, con helada o con cenceño, se ha celebrado siempre la Navidad.

Seguramente Zamora ha tenido muchos pregoneros navideños. ¿Lo fue Agustín de Rojas Villandrando en el siglo XVII? ¿Lo fueron Ursicino Álvarez o Fernández Duro en el siglo XIX? No puedo afirmarlo con seguridad.

Quien les habla va a dar voz al que ha sido pregonero de Navidad durante los últimos años: Francisco Rodríguez Pascual.

Él  ha pregonado la Navidad zamorana casi ininterrumpidamente durante la segunda mitad del siglo XX y los siete primeros años del siglo XXI. Revisen la hemeroteca de El Correo de Zamora y de la Opinión de Zamora, y por estas fechas de diciembre, encontrarán dos o tres artículos con su firma anunciando la feliz llegada de la Navidad.

Él mismo confiesa que sólo faltó un año a esta cita navideña:

“Quiero recordar que fue el año pasado (1991) el único en que no apareció nada salido de mi modesta pluma… tuve que trasladarme a las regiones australes de la América hispana (a Argentina). Allí pasé las navidades… Este año (1992) quiero suplir aquel fallo publicando dos documentos…” (Las coplas de un Baile del cordón de tema navideño y el Villancico del niño perdido, aquel que comienza con esta dramática copla:

A la puerta llama un niño/ más hermoso que el sol bello/ parece que tiene frío / y sin duda que está en cueros/ -Entra, entra, niño/ te calentarás,/ porque en este pueblo /ya no hay caridad;/ ni nunca la ha habido/ ni nunca la habrá…”

Desde 1980 Paco ha descrito y analizado, ha presentado en conferencias y publicaciones, y ha animado a su realización, las manifestaciones navideñas tradicionales de los pueblos de Zamora. Están recopiladas y ordenadas en dos volúmenes de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana, publicados en los años 2006 y 2007, bajo el título Ciclo de Navidad en Tierras Zamoranas, con portadas de color oro bordeado de rojo, como un elegante regalo de Navidad.

Estamos hablando de la Navidad rural, Navidad alejada del consumo, de las luces de colores, del espumillón y de Papá Noel.

Es una Navidad de Corderas, Pastoradas, Aguinaldos y Autos de  Reyes.

Frente a una Navidad donde hoy el espectáculo es la propia ciudad, espectáculo estático y estético, la Navidad rural es aquella donde los vecinos del pueblo hacen el espectáculo, espectáculo dinámico y participante, porque, si exceptuamos las últimas décadas, en un pasado no muy lejano, cualquier pueblo zamorano en Navidad, sus edificios, sólo cambiaba al encharcarse por la lluvia, al cubrirse de escarcha o al moldearse en blanco por la nieve. No había más adornos. Recuerdo por los años sesenta aquellas primeras estrellas de luces con bombillas de poca potencia en el campanario de una iglesia o bajo el reloj de algún ayuntamiento. Pero antes de esas fechas, nada. El silencio invernal del campo, silencio apabullante para quien no está acostumbrado a él, se rompía con el trajinar de algún vecino o el paso cansino del ganao que salía de la cuadra a abrevar. Los adornos navideños de los pueblos zamoranos han sido tradicionalmente las loas o las corderas en la iglesia, los grupos de mozos pidiendo el aguinaldo o celebrando el reinado, los autos de reyes representados por las calles, las mascaradas persiguiendo a rapaces asustados, los quintos haciendo hogueras, bailando y corriendo el gallo o las cintas, los vecinos cantando villancicos…

¿Qué queda de esa Navidad rural?

En principio, como en el resto de ámbitos culturales, está ya inundada por la Navidad urbana.

A pesar de ello, las tradiciones intentan mantenerse en bastantes pueblos, y así queda reflejado año tras año en las noticias, informaciones y anuncios del nuestro periódico, testigo del devenir de estos pueblos, no sólo de la ciudad de Zamora.

Basta con hojear brevemente La Opinión en los días de diciembre y enero del año pasado para leer noticias sobre el magosto de Puebla, la matanza en Villaseco, la cordera de Muelas del Pan, Abejera o Molacillos, las mascaradas de Ferreras de Arriba, los Carochos de Riofrío, el Tafarrón de Pozuelo, el Zangarrón de Sanzoles o Montamarta, los caballicos de Villarino Tras la Sierra, los cencerrones de Abejera, los quintos en Fuentespreadas, el baile del Niño en Venialbo, etc, etc…

Aparentemente, la tradición no se ha perdido.

Está pendiente una investigación que dé cuenta, haciendo un ejercicio comparativo con el pasado, del estado actual de la Navidad rural y de sus manifestaciones festivas. Sobre todo ¿qué valor, qué sentido, qué intención cultural late en esas manifestaciones en la actualidad, y qué diferencias se pueden establecer con el pasado?

En la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana hacemos el esfuerzo por dejar constancia de lo que tradicionalmente fue, el pasado: “Fijar este valioso patrimonio, nuestra cultura tradicional, en textos  sencillos, populares y asequibles”, decimos en la solapa de la contraportada de sus libros.  Quien quiera recuperar tradiciones, en ella tiene un guión para iniciar esa labor. Quien quiera comparar el estado actual con lo que se hacía antes, en ella tiene unas aproximaciones de lo que era tradicional en nuestros pueblos.

Francisco Rodríguez Pascual, durante treinta años, ha hecho la labor de profeta para las generaciones posteriores: Ha dado el testimonio de las tradiciones zamoranas. Los que vengan detrás las conocerán. Algunas de ellas ya no se hacen, pero su testimonio puede provocar que generaciones posteriores las resuciten. Esa es la tradición viva: cada generación tiene que rehacer lo que la generación anterior le  entrega, y cada generación se definirá por las tradiciones que mantiene o abandona. Francisco Rodríguez Pascual ha dejado el patrimonio cultural zamorano “listo para resucitar”.

Tenemos que hacer recuerdo de otra persona, representante de ese grupo de zamoranos preocupados por mantener las tradiciones,  Santiago Antón Vara, fallecido recientemente en Madrid. Fue uno de los más importantes informantes y proveedores de textos tradicionales de Francisco Rodríguez Pascual, no sólo del tema Navideño, está citado varias veces en los tomos del Ciclo de Navidad, sino también en otros temas, como el del traje o la literatura popular zamorana. Le vi por última vez en la fiesta celebrada en la casa de Zamora de Madrid con motivo de la fiesta de san Atilano. Me preguntó si iba a preparar “Las modistillas”, un teatro navideño breve, un ofertorio de Navidad, en el colegio donde trabajo. Sabía que habíamos montado el año anterior “El Auto de las Sibilas” de Villardiegua de la Ribera… y me animaba a preparar esa obra recogida por él y enviada a Paco, que la publicó en el primer tomo del Ciclo de Navidad. En recuerdo de él, y de Paco, el año que viene montaremos en Madrid uno de los Autos de Reyes zamoranos. Somos seres humanos de un lugar y de un tiempo. Nuestra vida alcanza sentido cuando somos fieles a nosotros mismos y al lugar al que pertenecemos. Santiago Antón es un modelo de ello.

Vamos a hacer una relación de esta Navidad rural desde lo publicado por Francisco Rodríguez Pascual. Advierto que estamos hablando de la Navidad, la fiesta cristiana de la encarnación de Dios en Jesús, la fiesta que celebra el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad desde el punto de vista cristiano: Que el mismo Dios se hace hombre.

Para explicar este misterio Paco recurría a un texto de santa Teresa de Jesús:

Decía él:

“En la plenitud de los tiempos emerge la figura desconcertante de Jesús, el Cristo… el Verbo Encarnado, el Emmanuel o Dios-con-nosotros, el Hijo de Dios e Hijo de Hombre… En su persona queda resuelta la aporía ontológica (la contradicción existencial). Escribe santa Teresa…

¡Oh ñudo que ansí juntáis dos cosas tan desiguales… Juntáis quien no tiene ser (el hombre) con el Ser que no se acaba (Dios): sin acabar acabáis, sin tener que amar amáis, engrandecéis nuestra nada.”

Los pueblos zamoranos son pueblos tradicionalmente cristianos, y sus manifestaciones pretenden celebrar el nacimiento del Dios en el que creen. Por eso, nos vamos a referir especialmente a las manifestaciones cristianas, aludiendo sólo de pasada a otras manifestaciones festivas, tan importantes también en estos días. Me refiero a las mascaradas y a las fiestas de quintos con gallos y cintas. Desde la religión cristiana, son fiestas paganas, profanas. Pero no por eso dejan de ser fiestas, y dejan de ser religiosas, aunque desde otra perspectiva, tal vez más ancestral y atávica…

El próximo año, coincidiendo con el segundo aniversario del fallecimiento de Paco publicaremos en la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana sus escritos sobre las mascaradas, desde aquel primer artículo para un congreso de teatro popular, publicado en el CSIC, pasando por los calendarios anuales de Caja Zamora, hasta las últimas ideas que sugirió en los artículos semanales de La Opinión…

Pero no olvidemos que la propia Navidad cristiana está impregnada del paganismo anterior, incluso, podemos decir que nace para asimilar las fiestas paganas de final de año y cristianizarlas con el acontecimiento del nacimiento de Dios, la encarnación de Dios.

Con esta premisa Paco iniciaba un estudio detallado de la Navidad zamorana allá por el año 1994, el 24 de diciembre, en La Opinión de Zamora.

“Las fiestas navideñas fueron, antes que cristinas, paganas; celebraciones del culto al sol durante el solsticio hiemal o de invierno… El arraigo de las fiestas solsticiales de invierno era tan enorme que la Iglesia quiso contrarrestar su incidencia trasladando, a mediados del siglo IV, al 25 de diciembre la celebración deldies natalis de Jesús.” Todavía perduran algunas de aquellas formas festivas precristianas: “mascaradas (carochos, filandorras, cencerrudos…), ritos de fuego (hogueras de fin de año), danzas fálicas, etc…”

En varios artículos reflexionó sobre el ciclo de fiestas zamorano, intentando rebatir el tópico según el cual el carácter castellano es más proclive al ciclo de muerte (la Semana Santa) que al ciclo de vida (la Navidad).

Es apabullante la enumeración que hace de manifestaciones invernales y navideñas para demostrar que Zamora aprecia tanto el ciclo de vida como el ciclo de muerte:

“En la cultura tradicional correspondiente al ciclo de Navidad, al solsticio de invierno, se conservan aún muchas reliquias de procedencia pagana. Recordemos algunas: hogueras solsticiales, aguinaldos, “alcalde de mozos”, “función de obispillo”, zangarrones, carochos, diablos, talanqueiras, “juicios de fin de año”, comensalidades, sorteo de novias, reinado… Pero son aún más numerosas y actualmente más significativas (creo yo) las celebraciones festivas de origen cristiano: Jornadas de Adviento, Noche Buena popular, Corderas, ramos de Navidad, pastoradas, baile del Niño, vestición del Niño, fiesta de san Esteban (fiesta de mozos), autos de los Reyes Magos, etc. Pocas provincias españolas pueden parangonarse con Zamora en lo que a celebraciones navideñas se refiere.” (La Opinión, 30 de diciembre de 2000)

Esta será la ruta para describir la Navidad zamorana.

Una pregunta inicial previa: ¿Cómo eran estos días de diciembre y enero hace cincuenta años?

Poco trabajo en el campo y muchos quehaceres caseros.

Un informante de Bóveda de Toro, Benito Montero, así lo tenía escrito:

“Este mes de noches largas y días cortos, con temporales poco propicios para hacer trabajos de campo a la intemperie era ocupado su tiempo en actividades diversas, cuya realización fuera propicia: se llevaban a cabo la mayor parte de las matanzas aprovechando este inclemente tiempo que beneficiaba la manipulación de las carnes para su mejor conservación, a la vez que permitía a las gentes realizarlo con prolongadas relaciones de colaboración en estos trabajos en los que participaban familiares, vecinos y amigos. Se convertían las matanzas en auténticas fiestas familiares que incrementaban los lazos de afecto y amistad.”

Paco tuvo en sus manos este testimonio, y le impresionó la literatura descriptiva de este agricultor zamorano.

Él nos ha dejado una ruta a seguir para describir la Navidad.

Entremos de lleno en la relación de los momentos importantes de la Navidad tradicional zamorana:

1. Adviento

En el 2004 nuestro antropólogo escribió un artículo valorando la importancia popular del Adviento, tiempo litúrgico de cuatro semanas previas a la Navidad, en él destacaba que fue una celebración iniciada en Hispania y extendida después al resto de la cristiandad, allá por el final del siglo IV. Originó advocaciones marianas como la de Nuestra Señora de la Esperanza, la fiesta de la expectación del Parto, o Santa María de la O (advocación que por el 18 de diciembre se celebraba en Calzadilla de Tera). También recuerda en ese artículo dos devociones propias de este tiempo: la Novena de Navidad y las “Jornadas de María Santísima y san José”, el viaje de María y José a Belén. Refiriéndose a estas últimas, destaca que tuvieron que tener vigencia ya que están recogidas en algunos de los devocionarios que él fue recogiendo por los pueblos de  Zamora. Poseía una colección muy importante de devocionarios, que con el tiempo adquirirán gran valor para comprender la religiosidad popular del siglo XX. Como vemos, las manifestaciones cristianas previas a la Navidad no salían del ámbito eclesiástico, las parroquias y los conventos.

2. La cena de Nochebuena.

Paco tuvo en sus manos la descripción de una de las costumbres más recordada por nuestros informantes, en concreto la escrita por un vecino de Cañizal, Luis Torrecilla, que en sus ratos inspirados escribía cuentos y poesías llenos de referencias a la vida tradicional. Paco publicó uno de sus cuentos donde daba vida alpigorro, el criadillo adolescente, que sólo por la comida, atendía los animales de la casa del amo donde trabajaba. En él recordaba la colación, los alimentos necesarios para la cena de Navidad que se llevaban los criados a casa, y también de paso la escasez en la que se vivía en la primera mitad del siglo XX:

“ …llegó la Nochebuena. Era la única noche en que el pigorro podía cenar y dormir en familia; por eso el ama le tenía preparado lo que se llamaba la colación: Consistía en unos pocos garbanzos, una morcilla, un chorizo, un trozo de tocino, higos, nueces; y con todo esto metido en una cesta, llegó el pigorro a su casa para celebrar en familia la Nochebuena…” (¿No les recuerda esta costumbre a las actuales a las actuales cestas de Navidad que dan las empresas a sus empleados?)

Este cuento lo veremos publicado en el nuevo libro de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamora que saldrá el mes que viene sobre Literatura popular. Refranes, coplas, cuentos, romances, etc., recopilados y comentados por Francisco Rodríguez Pascual.

La siguiente descripción de la Nochebuena, escrita por Paco, se refiere al pueblo de Carbajales:

“Al atardecer, después del toque de oración, se recluyen en casa padres, hijos, abuelos, tal vez también bisabuelos… Aún perdura en estas latitudes (1980) la familia “patriarcal”, aunque la llamada (familia) “nuclear” empieza a ganar terreno. Los mayores terminan de “apajar” las vacas y de atender al resto de la hacienda, trancan la puerta y se inicia la cena especial de la Noche Buena. Lo primero que se hace es encender una vela (la vela del Señor), que arderá hasta que finalice la velada… A continuación bendice la mesa el jefe del hogar y todos empiezan a dar cuenta del frugal menú: una cazuela de pulpo, castañas cocidas, nueces, uvas… (No varía mucho el menú de las tierras de Sanabria)… Terminada la cena, se conversa y canta hasta que los más chicos caen dormidos y son acostados.”

3. ¿Misa del gallo?

Pongo entre interrogantes esta celebración nocturna porque las informaciones de que disponemos no consideran la misa del gallo como algo tradicional en la Nochebuena rural zamorana. Por ejemplo, esta cita de Benito Montero, de Bóveda de Toro: “…era una noche señalada en la que se comía, bebía y cantaba abundantemente hasta las 12, en que se daba por concluida la entrañable reunión familiar, salvo que se celebrase Misa del Gallo, aquí no muy frecuente…”

Lo mismo me apuntaban los informantes de Sanabria, y a Paco los informantes de Tierra de Alba:

“La introducción de la misa de medianoche (Misa del Gallo), que reúne a todos los fieles en el templo, es relativamente reciente, y pertenece, en la estimación de estas gentes, a la religiosidad oficial”, no a la religiosidad popular. Además, “por presión de los eclesiásticos, que quisieron con frecuencia potenciar la Misa del Gallo…” en algunas pueblos trasladaron el ofertorio de la Cordera o el Ramo de Navidad a esta misa, en vez de a la Misa del día 25, que era lo propio…

De todos modos, aunque sin explicar casi nada, en la relación manuscrita de un sacerdote de Villadepera de principio del siglo XX, se hace mención de la Misa del Gallo, a la que llama Misa de Pastorela, probablemente por la función de pastores que se haría en ella.

Pero la misa que llama “solemne” es la del día 25.

4.  Villancicos: ¿Dónde nace el Niño?

Sea antes o después de la cena, sea antes o después de la impuesta Misa del Gallo, se cantan villancicos en la Nochebuena rural zamorana. Y llama la atención la costumbre carbajalina que Paco describió en la Navidad de 1980: “El 24 de diciembre, al atardecer, se podía escuchar por calles y plazuelas la siguiente pregunta ¿Dónde nace esta noche el Niño?… no se alude al nacimiento como realidad pretérita, a algo que fue, sino a algo que está siendo y va a ser. ¡Magnífica teología la de estas gentes!” A esta pregunta se respondía señalando las casas concretas donde después de cenar se reunirían los vecinos de cada barrio para celebrar la Nochebuena: “Poco a poco salen de sus lares los hombres embozados en las tradicionales capas de capirote… y las mujeres arropadas con mantones y toquillas. Todos se dirigen a la casa del barrio donde nace el Niño. Los hombres tocan las castañuelas de enguelgo, las mujeres la pandereta; unos bailan los bailes típicos… otros cantan canciones alusivas al Nacimiento…”

Entre todos los villancicos que ha publicado destaco uno por su característico vocabulario:

¿Qué le daremos los pastorcicos al niño de Dios?/ Engariñido, tiembla de frío, muere de amor/ … Ven, niño, ven, ven mi garoto (chaval)/ si a mi cabaña quieres venir/ ya desde ahora es para ti… Mecas, marones, cabras y beches tuyos serán; /quesos, culestros, carnes y leche hasta fartar…

5. Misa del día 25: Navidad

En la relación ya aludida anteriormente del cura de Villadepera de principio del siglo XX se puede leer: “Al día siguiente se repica a misa mayor y hechas las señales se hace la procesión alrededor de la iglesia… Misa solemne… Terminada la misa se vuelven los alcaldes a casa del cura y se les da vino y castañas… Por la noche de este mismo día, después de rezar el santo rosario se da adorar al pueblo al Niño Jesús… y mientras tanto se cantan las letrillas y versos…”

Es en esta misa donde, en palabras de Paco “eran propias las Corderas y los Ramos de Navidad”.

6. Ramos de Navidad.

Tomando las palabras de un alistano de Pobladura describimos el Ramo de Navidad: “…era un regalo que hacían las mozas, y estaba compuesto de adornos llamativos con roscas, dulces, bollo “marimón”, velas, flores y cintas colgando de todo color… Las mozas que llevaban el ramo se adelantaban en la iglesia (durante el ofertorio) y hacían la ofrenda con sencillas coplas:

Caminemos las doncellas a daros el parabién/ a la parida y al Niño, y a su esposo san José…

Este ramo era rifado entre todos… El dinero recaudado era exclusivamente para la Virgen…

Con más detalle, Francisco Rodríguez Pascual en 1990 describió el proceso de creación y ofrecimiento del ramo navideño: 1. Elaboración del ramo (como se ha descrito anteriormente).  2. Traslado del ramo por las oferentes (aunque el que transporta el ramo es un mozo). 3. Bendición y ofertorio del ramo durante la misa. 4. Procesión del ramo, dentro y fuera de la iglesia. 5. Subasta del ramo entre los vecinos.

7.  La Cordera.

Mucho me insistió Paco que precisara en la introducción al primer tomo del Ciclo de Navidad lo siguiente: “Destacamos en este libro los diversos textos de La Cordera, como la manifestación o forma cultural navideña más significativa de Zamora, si se compara con las Pastoradas y otros autos navideños. La Cordera, con apariencia de auto teatral, es un ofertorio, como el Ramo, muchas veces incluido en el acto litúrgico; un ofertorio en la línea de los que se hacen en otros momentos del año en Sayago o en Aliste”.

Inicialmente era protagonizado por los pastores, y después fue asumido por los mozos, cuando el gremio pastoril decayó en importancia.

Las partes de una Cordera son las siguientes:

a/ Selección de la cordera: Debe ser hembra y blanca, donada por el dueño de alguno de los rebaños del pueblo, adornada con lazos y cintas de colores.

b/ Procesión e ingreso en la iglesia: Un mayoral dirige a los pastores que llevan una cordera al hombro, se acompañan de sus perros, y van preparados para hacer una merienda: pan, tocino, chorizo, queso, vino… Las puertas del templo están cerradas y piden permiso para entrar:

A Dios pidamos licencia para poder entrar dentro…

Piden permiso al cura y al alcalde, y las puertas se abren para que pase toda la comitiva pastoril:

Apártense los señores, los que están en el camino, dejen pasar los pastores, que vienen con el rocío…

c/ Colocación en el templo y anuncio del ángel: Se colocan los pastores en el centro de la iglesia o incluso en el presbiterio. Antes de empezar la eucaristía se produce el anuncio del ángel:

El mismo Dios me envió desde el cielo hasta la tierra, para guiar los pastores a su divina presencia…

Comienza la misa, y el grupo pastoril “come pan, tocino, chorizo… incluso llegan a esbozar algunos bailes…” ¿Cómo podía ser esto en medio de la Misa? Pensemos que en los tiempos de estas manifestaciones la misa era en latín, de espaldas a los feligreses, el sacerdote no se enteraba de casi nada de lo que hicieran los atrevidos pastores…

d/ Ofertorio de la Cordera: Se acerca la cordera al altar y también otras ofrendas propias de pastores: la lana, el pan, el queso, etc. y se hace una larga relación que incluye versos de ofertorio, otros alusivos al nacimiento de Dios, otros pidiendo protección para sus ganados…

Que no los maten (los ganados) los lobos, tampoco otras alimañas, que nunca les entre el papo, moquillo, roña ni sarna…

La cordera pasará a formar parte del rebaño de la Virgen, que en algunos pueblos llegaba a tener tal importancia que requería un pastor dedicado a él todo el año.

8. Las Sibilas.

La tercera manifestación que el día de Navidad presentaba era una loa, una relación o ramo, que había perdido su antiguo significado, pero en el recuerdo quedaba como “las sibilas”. A este tema dedicó un libro entero Francisco Rodríguez Pascual después de descubrir un manuscrito en Villardiegua de la Ribera donde estaban los versos de cada una de las doce sibilas: las profetisas antiguas, asimiladas por el cristianismo, que anunciaban un tiempo nuevo y un salvador.

Hoy todavía se hace esta relación cantada la noche de Navidad en alguna catedral de España (Mallorca), y quedan testimonios musicales en los archivos de muchas otras. Aunque en los pueblos de Zamora no hay ya constancia, todavía Paco recogió el testimonio de una vecina de Carbajales que aludió a ellas al referirse al ramo de Navidad con el mismo nombre: el ramo de las sibilas o ramo de las doce doncellas. El dato es tan cierto que la propia informante se acordaba de que el año que le tocó echarlo a ella sólo lo hicieron 8, de las doce doncellas, porque las otras cuatro, entre las cuales estaba ella, no pudieron hacerlo por estar en la cama con gripe.

9. San Esteban y los mozos. El obispillo.

Por san Esteban, 26 de diciembre, siempre hay fiesta de mozos. Así lo tiene recogido Paco en documento antiguo del siglo XV, pues en Carbajales ya existía cofradía de mozos. Al “alcalde” de mozos le llamaban obispo, que, a caballo, recorría las calles del pueblo pidiendo el aguinaldo a los vecinos. Esta costumbre, que en muchos pueblos de España y en las escolanías de algunas catedrales se llamaba el obispillo, nos recuerda que en estos días hay o ha habido  por toda Zamora fiestas de quintos.

Algunas de ellas con carreras de gallos o de cintas: Pajares, Rihonor, Casaseca, Sejas, Fuentespreadas, Bóveda de Toro, Almaraz. También en los primeros días de Enero, en Carbellino, Manganeses, Castronuevo, Gallegos, Cerecinos, Aspariegos, Morales…

No nos podemos olvidar del día 27, san Juan Evangelista, en el que se celebra el Baile del Niño en Venialbo, del que escribía Paco en un reportaje de 1985: “…once parejas, siempre mirando la imagen del Niño y bailando de espaldas, tuvieron que recorrer la distancia que separa la iglesia parroquial de la ermita del Santo Cristo. El sonido de la flauta y el tamboril del señor Modesto marcó el ritmo que era seguido por los veintidós danzantes… De regreso, junto a la iglesia parroquial, llega la hora de demostrar que los dos meses de ensayo han servido para algo. Las parejas formadas tomaron posiciones e iniciaron el baile del “floreo”…”

10. Hogueras de fin de año.

Las hogueras son, por estas fechas, claros vestigios de manifestaciones religiosas precristianas, invocaciones ancestrales a la vuelta del sol y su calor vivificador. Aunque la mayor parte de las que se hacen en la provincia de Zamora tienen carácter lúdico, no podemos olvidar ese remoto origen. Hay hogueras desde el principio de diciembre hasta el final de Enero: La famosa hoguera de Villalpando en la víspera de la Inmaculada, en Jambrina, la “güera” en Carbajales, el “toco” en Sejas de Aliste, hogueras antes de los Reyes, en Cerecinos o en Olmo de Guareña, hogueras de los quintos en Brandilanes a mediados de Enero…

Las dos hogueras que destacó nuestro antropólogo fueron la de Villalpando y la de su pueblo, Carbajales. La primera se nos escapa del ciclo de Navidad. Sobre la segunda podemos leer:

“La costumbre de la “Güera” (añorada por los numerosos emigrantes del pueblo) se ha mantenido siempre, contra viento y marea, a excepción de los años de la guerra civil española (porque sus protagonistas son los mozos, los quintos, precisamente en ese momento movilizados). Pero aún en aquella luctuosa ocasión, hubo algún vecino que encendió simbólicamente un encaño (un haz de paja de centeno) para que jamás se rompiese la tradición…”

Es un acto de mozos, similar al que se hace en otros días, como la noche de difuntos, en algunos pueblos de la misma Zamora.

Primero piden permiso al alcalde, después se corta la leña, con la peculiaridad de que salen al campo con grandes cencerros colgados de la cintura. Regresan al pueblo con la leña en procesión. Montan la hoguera, con la inestimable ayuda de sus padres, y, por fin, se enciende la hoguera la noche de Nochevieja, convirtiéndose en lugar de referencia del pueblo para bailar, cantar y saltar encima de los troncos.

11. El primero de Año y la fiesta de los Manueles y padrinos..

En muchos pueblos en este primer día del año comenzaban los padrinos a repartir sus aguinaldos, sobre todo si se llamaban Manuel. En Rihonor  era fiesta destacada, según  Jorge Dias en su investigación sobre esa curiosa comunidad partida en dos.

Respecto a los padrinos escribe Rodríguez Pascual:

“El padrinazgo, en estas tierras, es algo serio que genera relaciones fuertes y duraderas. Los padrinos tienen que aconsejar al ahijado, orientarle, ayudarle en las situaciones delicadas… La entrega del aguinaldo en Navidad viene a ser una expresión simbólica de la obligación moral a la que se ha sometido el padrino. Suele realizarse el 1 de enero. Para ello, el ahijado, se traslada a casa de los padrinos, antes de la misa grande, para felicitarles las Pascuas y el Año Nuevo: “El primer día del año, da el padrino su pitarro” (el chorizo que tenía reservado para su ahijado. En Sanabria le llaman a ese chorizo del ahijado, el rey)

En las Memorias de las prácticas y costumbres de la parroquia de Villadepera se lee: “En este día, antes de la misa parroquial, se hace la procesión del Niño Jesús, y si es domingo se hace a la vez la procesión de la Virgen, por ser primer domingo de mes, y si el tiempo lo permite se hace por fuera de la iglesia alrededor de ella. Comulgan en ella los treinta y dos cofrades o hermanos del Niño…” (Sólo falta que esos cofrades bailaran de cara al Niño toda la procesión, y tendríamos otra costumbre como la de Venialbo…)

12. Aguinaldos

Sobre aguinaldos y Reyes Paco publicó numerosos artículos y estudios, temas que siempre fueron de gran interés para él, principalmente porque quería que no se perdieran estas tradiciones que implicaban la participación de casi todo el pueblo.

Pedir el aguinaldo eran un acto que tenía un protocolo determinado, descrito en varios pasos: 1. Preparación: reunión de niños o mozos en un lugar para comenzar la ronda. 2. Cantares de entrada: Se pide licencia para entrar a pedir el aguinaldo en la casa con coplas como esta:

Estas puertas son de palo, aquí vive un hombre honrado… Estas puertas son de encina, aquí vive mi madrina…

3. Romance en el interior de la casa: se entrega el aguinaldo (longaniza, huevos, castañas, unas perras (monedas)… y obligación de cantar otra vez: Del oriente tres reyes, todos tres en compañía, salieron como romeros que van a su romería…

4. Y la despedida, en la que de nuevo salen cantando…

Cuando no dan aguinaldo en una casa también se cantan coplas, pero de esta manera:

A esta morriñosa que no nos da nada, una cagalera yo le deseara…

El aguinaldo de reyes también va unido al regalo del padrino o la madrina, como se ha mencionado en una copla anterior.

13. Autos de Reyes.

Nos queda todavía una breve mención a los autos, representaciones o misterios de Reyes Magos, manifestaciones que Paco tenía recogidas de más de una docena de pueblos, aunque algún texto se repitiera en varios: Venialbo, Bercianos, Palacios del Pan, Lober, Carbajales, Andavías, Alcañices, Tábara, Santa Colomba de Caravias, Cotanes del Monte, Muelas, Nuez….

Al igual que al analizar las Corderas y las Pastoradas, sobre estas representaciones de reyes afirma: “…existen al menos dos modalidades, claramente diferenciadas, de textos. La primera se encuentra en pueblos de Benavente y la Carballeda, así como en las zonas limítrofes de León; por eso la llamo zamorano-leonesa…” la otra es la estrictamente zamorana.

La primera (zamorano leonesa) tiene partes cantadas, la zamorana apenas. La primera tiene partes en prosa y partes en verso, la zamorana está toda versificada. En la primera no muere Herodes, pero en la segunda sí muere. En la primera se introducen más personajes y elementos piadosos, en la zamorana se centra en pocos personajes… En fin, que llega a la conclusión de que los textos estrictamente zamoranos, de la zona de Alba y Aliste, parecen tener rasgos de mayor antigüedad, textos más cercanos en su origen a aquellos primeros textos medievales que iniciaron el arte dramático actual a partir de estos autos de reyes.

14. Y sigue la fiesta: mascaradas, reinados y gallos…

Y por último recordar, pero ya sin extendernos apenas,  que Francisco Rodríguez Pascual escribió muchas líneas sobre las manifestaciones de origen precristiano, como las mascaradas invernales de estos días navideños mencionadas al principio. Las recordamos:

Bisparras y talanqueiras en los pueblos que rodean al lago de Sanabria, La Filandorra de Ferreras, el Tafarrón de Pozuelo, el Zangarrón de Sanzoles y luego de Montamarta, Vacas Bayonas en algunos pueblos de Sayago, los Carochos de Riofrío y otros pueblos de Aliste, etc.

El Reinado de varios pueblos del límite con Galicia, Hermisende, La Tejera, Castromil o Lubián. Recuerdan a las Festas de Rapaces y mozos de la cercana Portugal: es una fiesta de hombres. Se sacrifica una ternera, se trae del monte leña. En la cena se elige a un rey. Después recorre en una caballería las casas del pueblo para recoger donativos… tiene un virrey a su lado, y un careto que tira caramelos… Dura todo cinco o seis días.

O el rito sacrificial de los gallos que acompañaba a las fiestas de quintos, ocasión que me da para recordar a Wenefrido de Dios, Uve para los amigos, “decano de relacioneros de gallos en Guarrate”.

Terminamos:

Quedan muchos detalles, anécdotas, datos, interpretaciones, descripciones detalladas que escribió Francisco Rodríguez Pascual de la Navidad zamorana.

El conjunto, aunque sólo visto de forma rápida, impresiona, es para sentirse orgulloso.

Paco nos ha legado un formidable patrimonio.

Dando mi voz a sus palabras, cierra él mismo el pregón con este deseo escrito en el año 2000:

“Que nos bendiga ahora y siempre el Niño Jesús, ese Dios humanado que nació, vivió, murió, y volvió a nacer o resucitar, en el único ciclo que abarca o engloba a los hombres de todos los tiempos y de todas las regiones de la tierra”, el ciclo de la vida.

¡Feliz Navidad a todos!.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias. Navidad de 2008.

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